Hay quien, convencido de la objetividad de los números, le entrega un premio al máximo goleador en una temporada. Otros, más subjetivos, se decantan por honrar al mejor jugador. Hay incluso quien, reduciendo un deporte de equipo a una oda al chupón individualista, elige al mejor joven, a la mejor revelación, al mejor entrenador, al mejor portero, al mejor defensa, al mejor centrocampista y al mejor delantero. Premios y más premios que una y otra vez giran alrededor de los protagonistas habituales. Los de siempre premian a los de siempre y el resto solo pueden mirar, aplaudir y callar. Desde hace unos años, en Panenka creímos que había llegado el momento de girar el foco 180 grados y alejarlo momentáneamente del césped para iluminar a aquellos que, repartiendo el juego fuera del él, han hecho que el fútbol sea un deporte mucho más admirable: los Premios Panenka son un ensalzamiento de la cultura futbolística.

En nuestro afán de nadar a contracorriente, estamos convencidos de que, pese a la que está cayendo, corren buenos tiempos para el relato futbolístico en todas sus formas de expresión. Año tras año, gracias al buen trabajo de muchos escritores, cronistas, reporteros, fotógrafos y, por supuesto, gracias a la actitud de un buen puñado de futbolistas y entrenadores, la cultura se reconcilia un poco más con el balón. Por quinto año consecutivo, ha llegado el momento de volver a repartir Antonines: premiaremos al fotógrafo del año; a la pieza periodística del año, que se decidirá entre 11 nominadas; al libro del año, en la que también se postulan 11 candidaturas previamente seleccionadas por Panenka; y por último, al Antonin del Año, al Antonin de Honor y al Antonin Especial, que homenajean a figuras de nuestro deporte por sus valores culturales, sociales o de superación. Los conoceremos a todos en la gala del próximo 14 de enero.