Ha llegado el momento de ponerle algo de picante a los premios futbolísticos en España. Si en Hollywood se entregan los Razzie y en el calcio se reparte el Bidone d’Oro, ¿por qué el fútbol ibérico no habría de tolerar una mirada ácida? No se trata de colgarle la etiqueta de bluf a ningún jugador, ni de denostar una carrera en declive, ni siquiera de regodearse en un año decepcionante: simplemente destacamos aquí algunos momentos que sus protagonistas tal vez preferirían olvidar. Todos cometemos fallos. Aquí van los nominados para que juzguen (y voten) ustedes mismos.

Solo tenías que empujarla, Aster

Parecía tan, tan fácil que se convirtió en imposible. Es la única explicación que se le podría dar a lo ocurrido en el Mechelen-Oostende de la liga belga. Corría el minuto 66 de partido cuando una aproximación del Mechelen por la banda diestra dejó una cadena de infortunios y pifias continuos. Centro al área, y empieza el show. Primero, un despeje que se va a los cielos pero no gana metros. Después, la mala salida de puños del guardameta, en modo Superman, con la que le devuelve el balón a un rival. Y para rematarlo, este chuta, le da al travesaño, y aparece su compañero Aster Vranckx para empujarla. Está absolutamente solo, la controla con el pecho, a dos metros del gol, y no consigue conectar el pie con el balón. Tropieza, cae al suelo, se estampa contra el palo y continúa el 0-0.

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De héroe a villano

A saber cuántas veces han soñado los porteros con marcar un gol en el último minuto para salvarle el cuello a todo su equipo. Es mítica la historia: compases finales del partido, por debajo en el marcador, una acción a balón parado y toda la carne en el asador. Suben los medios, suben los defensas, sube hasta el portero. Todos ahí, apelotonados, a ver si alguno rasca algo y mete el maldito balón en la portería rival. Casi nunca acaba marcando el portero, pero si sucede se convierte en algo épico, inolvidable. Como le ocurrió al meta del Vinaròs, Carlos Aguayo, en un encuentro ante el Peñíscola. La lástima es que la heroicidad duró un suspiro. Mientras regresaba a su portería de espaldas el balón ya volaba dirección a gol desde el centro del campo y al girarse no hubo tiempo para la reacción. 1-2, y el héroe fue un villano.

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El tacón de Dios

Álvaro Morata aún estaba marcando goles en las categorías inferiores del Real Madrid cuando, hace ya más de una década, a Guti se le ocurrió dejar un detalle de genio en Riazor. Dentro del área, solo ante el portero, la pasó atrás de tacón para que Karim Benzema anotase a placer. Quizá Morata estaba viendo el partido, puede que pensara en hacerlo algún día en la élite, aunque es posible que no cayera en que si la cosa no le salía bien podría convertirse en uno de los fallos del año. Y así fue. No con la camiseta del Real Madrid, pero sí con la de la Juventus, ante la Atalanta. Se quedó solo ante el guardameta, la cedió a Cristiano, mejor colocado, pero este no tuvo fortuna al contactar con el balón, que regresó a los pies de su compañero. De espaldas, sin oposición, con el portero vencido, ¿por qué no hacer la de Guti aunque enviando el balón directo a gol? Mala decisión. El taconazo fue horrible. La pelota se perdió más allá del palo. Y el tacón de Dios acabó por no serlo.

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El lío de Gustavo

Un pase atrás al portero suele ser una invitación a que el compañero con guantes sea el encargado de reiniciar la jugada cuando al defensa se le complica mirar hacia arriba. Dos opciones: balón en largo o sacarla en corto. Eso sí, a veces ese pase de seguridad puede ser una patata caliente. El delantero salta a presionar, el portero comienza a dudar y se mete en un lío. Exactamente esto último le pasó a Gustavo Serdán en un General Díaz-Guaireña de la liga paraguaya. Recibió el balón, se lo acomodó para jugarla con la diestra y se vio frente a frente ante el atacante rival. Reaccionó conduciendo hacia dentro. Uno, dos, tres toques en el área pequeña, en la cuerda floja, con el delantero atosigándolo. El cuarto toque fue fatal. En cambio de enviarla a cualquier lugar mínimamente alejado de su arco quiso seguir conduciendo, y erró. Le dio al cuero con la parte trasera del pie, se cayó y el balón se coló en su portería. Por suerte, al menos, el lío de Gustavo se solucionó más tarde y General Díaz empató el encuentro antes del descanso.

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RESULTADO DE LA VOTACIÓN