Ha llegado el momento de ponerle algo de picante a los premios futbolísticos en España. Si en Hollywood se entregan los Razzie y en el calcio se reparte el Bidone d’Oro, ¿por qué el fútbol ibérico no habría de tolerar una mirada ácida?. No se trata de colgarle la etiqueta de bluf a ningún jugador, ni de denostar una carrera en declive, ni siquiera de regodearse en un año decepcionante: simplemente destacamos aquí algunos momentos que sus protagonistas tal vez preferirían olvidar. Todos cometemos fallos. Aquí van los nominados para que juzguen (y voten) ustedes mismos.

¿Qué has hecho, Pape?

Desborde por la banda para llegar a línea de fondo. Centro tenso, raso y preciso entre la defensa y el portero, donde más duele. Un engaño dejándola pasar. Y un pase de la muerte para cerrar una jugada prácticamente perfecta, de las que se dice deberían enseñar en las escuelas de fútbol. Lo único que faltaba era empujarla. Desde dentro del área pequeña, a escasos dos metros de la portería, sin rivales de por medio que puedan estorbar en el golpeo. Pues al desafortunado Diamanka se le complicó la jugada. Intentó rematar con la diestra, pero le dio con la zurda y el balón se fue más allá del travesaño. El pobre Pape no sabía ni dónde mirar tras la jugada.

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Mohammadi y una saque de banda surrealista

A Irán se le agotaba el tiempo. El tren de los octavos de final del Mundial de Rusia pasaba por delante y solo tenían una última oportunidad. Un saque de banda a falta de menos de medio minuto para finalizar el encuentro lo era todo para ellos. La idea, colgarla a la olla al más puro estilo Rory Delap confiando en que el balón se encontrase con alguna testa iraní que lo dirigiese a las redes. Pero el plan salió rana. Nunca un saque de banda contó con una liturgia tan elaborada para acabar en tan poco. Un beso deseoso, un dedo apuntando al cielo, un golpe con la frente, el esférico al suelo, una voltereta sobre él y… Nada más. Milad Mohammadi se arrepintió y volvió a coger carrerilla para sacar de manera convencional.

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El desafortunado despeje de Chatchai

El fútbol del sudeste asiático es especialista en dejarnos algunas de las mejores pifias que puedan verse sobre un campo de fútbol. En este caso, en un encuentro entre Filipinas y Tailandia correspondiente a la Suzuki Cup, fue el guardameta tailandés el protagonista involuntario de la historia. En el minuto 80 del partido -minuto 1:32 en el vídeo adjunto-, después de que un disparo rival se estampase contra la madera y quedase vivo cerca de la línea de gol, Chatchai Budprom se dispuso a acabar con el peligro. Tenía dos opciones: enviarla lejos del radio de acción de cualquier rival o atajarla con las manos. Eligió una tercera vía, e incomprensiblemente despejó el esférico para que reposara dentro de su portería.

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El peor momento; el peor error

No hay peor minuto para cometer un error que en el 90. No hay peor posición para hacer un fallo que la de guardameta. Eso mismo le pasó a Carlos Olses, portero del Deportivo La Guaira, cuando tras una cesión desde la defensa quiso despejar el balón y marró a la hora de conectar el empeine con el cuero. El delantero, solo ante el arco, no tuvo que hacer nada más que empujarla. Y ahora, sumado a esos dos factores -el tiempo y la posición-, piensen que esa era la final del fútbol venezolano y que aquel gol le regalaba el campeonato y el acceso a la Copa Libertadores al Deportivo Lara. Una pifia para la historia.

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